Hace 40 años, el 26 de abril de 1986, el mundo fue sacudido por la mayor catástrofe provocada por el ser humano en la historia: el accidente en la central nuclear de Chornóbyl. Hoy honramos la memoria de las víctimas de esta tragedia y el heroísmo de quienes se enfrentaron a una muerte invisible.
Sin embargo, Chornóbyl no es solo la historia de un fallo técnico; es también una sentencia contra un sistema soviético construido sobre el crimen y la mentira sistemática, un régimen que la Rusia actual intenta revivir.
La magnitud del desastre fue sin precedentes: los niveles de radiación en el reactor destruido alcanzaron los 20.000 roentgens, cuando una dosis letal es de apenas 500 roentgens en cinco horas. La liberación de isótopos radiactivos fue 30 veces mayor que la potencia de la bomba lanzada sobre Hiroshima. Más de 300.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares para siempre, y en total 8,5 millones de personas en toda Europa estuvieron expuestas a la radiación. La zona de exclusión tiene un tamaño comparable al de Luxemburgo, y el área en un radio de 10 km alrededor de la central no será segura para la vida humana durante 20.000 años.
El régimen soviético no solo fue culpable de las violaciones de seguridad que provocaron el accidente. Su verdadero crimen fue el encubrimiento deliberado: el mundo permaneció ajeno a la catástrofe durante al menos dos días, mientras que a sus propios ciudadanos se les ocultó la verdad durante semanas. El 1 de mayo de 1986, cuando la radiación ya se había extendido, miles de personas en Kyiv fueron obligadas a participar en una manifestación.
Hoy, Moscú continúa esta tradición de engaño, utilizando las instalaciones nucleares como instrumentos de chantaje. Rusia no ha aprendido ninguna lección; al contrario, ha convertido el peligro nuclear en un arma.
El 40º aniversario es un momento para honrar a nuestros héroes. Rendimos homenaje a los aproximadamente 600.000 liquidadores que salvaron al mundo a costa de su salud y sus vidas. Hoy, una nueva generación de héroes ha surgido en Ucrania: nuestros trabajadores energéticos y especialistas nucleares. Durante el invierno de 2025–2026, bajo ataques masivos rusos, los trabajadores del sector nuclear ucraniano mantuvieron el control de los reactores en condiciones extremas tras paradas de emergencia provocadas por ataques a subestaciones e incursiones de drones. Su profesionalidad ha vuelto a salvar a todo un continente al borde del desastre.
Un acto de particular barbarie fue el ataque con drones rusos contra el Nuevo Confinamiento Seguro en febrero de 2025. El ataque dañó tanto la estructura externa como la interna del arco que protege el reactor destruido de la unidad 4, e inutilizó el sistema principal de grúas. Ucrania acoge con satisfacción el liderazgo de Francia, así como los esfuerzos del G7, el BERD y la Unión Europea para restaurar esta estructura única. Esperamos compromisos concretos durante la Conferencia Internacional de Donantes que se celebrará en Kyiv el 26 de abril de 2026.
Nuestro llamamiento en este día es claro: es hora de poner fin al chantaje nuclear. Apelamos a todos los Estados que valoran la estabilidad global. Su papel en el aumento de la presión sobre el agresor es crucial. La comunidad internacional debe demostrar que ha aprendido las lecciones de 1986.
Es necesario aislar completamente a la industria nuclear rusa, imponer sanciones contra Rosatom y restringir los derechos del agresor dentro del OIEA. Ucrania propone enmiendas al Estatuto del organismo que permitan limitar los derechos de los Estados agresores que violan los principios de seguridad nuclear.
Rusia debe devolver de inmediato el control de la central nuclear de Zaporizhzhia a su operador legítimo: Ucrania. Cada sistema adicional de defensa aérea e interceptor que proteja las ciudades ucranianas y sus centrales nucleares es una garantía de estabilidad para Europa.
No esperemos a un nuevo Chornóbyl. Actuemos ahora para proteger la vida.